Juguetes perdidos: Un Transformer Decepticon recién regalado. Uno que mutaba en avión, de color rojo. Un idiota lo tiró al aire pensando que volaría por sí solo. Cayó entre unos arbustos y nunca más lo vi. Quizás el mismo imbécil hizo eso como maniobra distractiva para robarlo. Quiera dios que el sinvergüenza haya pagado.
jueves, 20 de agosto de 2009
Descuidos remediados
lunes, 17 de agosto de 2009
La realidad está acá dentro
Uno hasta podría pensar que la ficción se mete en la realidad, al modo en que Tlön acaba suplantando la aburrida realidad. Pero no, doy apenas dos ejemplos —que únicamente son tales teniendo en mente a Aira:
1. Justo antes de quedarme dormido, presentan en un estelar de televisión a un ex animador de programas infantiles, que ahora ha cambiado de rumbo y regenta una clínica para solucionar problemas de convivencia familiar. Mientras cierro los ojos imagino que tal escena cabría perfectamente en alguna novela de Aira: la exaltación de la familia, los recuerdos del añejo programa infantil, con un “yo lo veía de niño” a coro de todos los demás invitados, etc. Cosa que ha de haber ocurrido.
2. Gernández me llama a primera hora para saber si leí un titular de El Mercurio. Le aclaro que hago lo posible por no leer mentiras. Pero lo hago cuando en la web leo: “Atentados contra centros deportivos Sportlife y Balthus: Dos bombas de la misma factura estremecieron anoche a concurridos gimnasios de Las Condes y Vitacura”. Y entonces pienso que esto no es más que la primera manifestación pública de la guerra de los gimnasios que ya hace rato comenzó. Y nosotros ni sabíamos. Guerra que indefectiblemente acabará con la desaparición de el Chile. Aunque Playmobil Hipotético cree que estos bombazos también pueden presagiar la reedición de todas las novelas de Aira, y la guerra entre sus distintos editores. Yo creo que con tal reedición se acaba de una vez el Amazonas.
Se pueden tener reparos incluso estéticos para con Aira. Hay a quienes les aburre de plano. Otros a los que sus finales ponen rojos de ira. Y otros —los peores— que le toman en serio cada una de sus zafarranchos lógicos. Les apoyo a todos, excepto a los aburridos. Pero lo que no se puede hacer, es criticar a la realidad de aburrida, ilógica o “fea”. Porque eso implica un proceso imposible: quitarle el apoyo a lo que base de todo, incluso de esas opiniones en su contra. Petitio principii.
La realidad es muchísimo más compleja que la más celebrada ficción. Ningún relato podría, ni de lejos, acercarse a la trama de lo cotidiano. Quizás por eso mismo la mejor representación de la realidad se haya dado en las variantes del teatro de lo absurdo, la patafísica o el dadaísmo.
(*). "The main thing that I learned about conspiracy theory is that conspiracy theorists actually believe in a conspiracy because that is more comforting. The truth of the world is that it is chaotic. The truth is, that it is not the Jewish banking conspiracy or the grey aliens or the 12 foot reptiloids from another dimension that is in control. The truth is far more frightening, nobody is in control. The world is rudderless..."
lunes, 10 de agosto de 2009
Apenas si pueden llamarse
Stella Díaz Varín pegó una foto del Ché en su ventana y gritaba “viva el partido comunista” apenas ocurrido el 11 de septiembre de 1973. Se marcó con una navaja una A por el nombre de pila de Jodorowsky. El mismo cuenta que una noche mientras le esperaba, se tomó 3 ó 4 cervezas, hasta que aparece acompañada de un tipo de pésimo aspecto. Jodorowsky le reprocha que ande con tipos así, que debería meterse con otros como él o como un tal Nicanor Parra del cuál estaba prendado porque su lectura era reciente. Le dijo que ella debería ser musa de poemas como «La víbora» de Parra, y no hacerse acompañar de pelafustanes como su compañero. La tal Stella, colorina y harto rica, le espetó que ése poema le había sido dedicado en efecto, y que el tipejo a su lado era Nicanor Parra. Durante el mandato de Ibáñez del Campo y la promulgación de la “ley maldita” que hacía ilegal al partido comunista, ella y varios otros escritores (Lihn y Lafourcade por ejemplo) se tatuaron una calavera con un cuchillo partiéndola, como seña del odio y sus ganas de cometer un magnicidio que nunca ocurrió. Dijo la anciana que tuvo por meses su tatuaje hinchado. Durante la dictadura delatar era asesinar, pero no pensaba lo mismo Enrique Lafourcade que en cada columna de El Mercurio que podía le tiraba mierda a la poeta, hasta que una noche se atrevió a presentarse en la Sociedad de Escritores, pero escoltado por un púgil profesional. La poeta le prometió combos, sacarle la cresta apenas se lo encontrase fuera, cosa que cumplió. El boxeador al enfrentarse a esta colorina endemoniada, se hizo a un lado y dejó solo a Lafourcade quien recibió su dosis de nudillos, y luego, huyó.
En una feria de antigüedades encuentro un ejemplar de un pasquín poético, editado por compañeros en ese momento, de filosofía. Se llamaba Empédocles, y me divirtió mucho encontrarla ahí. Apenas la hojeé. Reconocí gran parte de los nombres de sus participantes. Recordé a uno que nos hizo pasar una noche de horror queriendo golpear a otro, sin querer marcharse, y todo porque había bebido pisco de más de 35º alcohólicos. Una vez llega mi hermana a casa, me pide ayuda para un debate en el que ha de defender a un filósofo presocrático. Y no se trata otro que Empédocles, el latero del amor y odio que unen y separan a discreción los cuatro elementos fundantes. En el momento no noté la coincidencia, sólo lo hice 8 segundos antes de dormirme.
Me enojo con Fernández. Pero no me enojo, y si lo hiciera no sería con él. Entonces me enojo porque a los poetas apenas les alcanza para poetitas. A los putos de la novísima poesía shilena les sobra el acné y la histeria y las bolas llenas como para poder hacer algo medianamente respetable. Si acaso tuvieran una pizca del ímpetu suicida de De Rokha. Que se metan la antología del recién difunto Alfonso Calderón, esa que ni conocen, la Antología de la poesía chilena contemporánea. Que se la metan por el ojete a ver si escupen aunque sea una frasecita decente, un verso digno, o en su defecto: un eructo inteligente. Aunque hasta sea dable pensar que todos esos indignos sean necesarios, dando vueltas en sus talleres y jornadas de vino y desbande, para que nazca uno como Alfonso Calderón. Que repito, murió hace dos días. Claro, son tantos y tantos, que toda la inteligencia que no tuvieron viene a parar en la cabeza de otros.
sábado, 4 de julio de 2009
Gog: las obras maestras de la literatura
«Huestes de hombres, llamados héroes, que se despanzurraban durante diez años seguidos bajo las murallas de una pequeña ciudad por culpa de una vieja seducida; el viaje de un vivo en el embudo de los muertos como pretexto para hablar mal de los muertos y de los vivos; un loco hético y un loco gordo que van por el mundo en busca de palizas; un guerrero que pierde la razón por una mujer y se divierte en desbarbar las encinas de las selvas; un villano cuyo padre ha sido asesinado y que, para vengarle, hace morir a una muchacha que le ama y a otros variados personajes; un diablo cojo que levanta los tejados de todas las casas para exhibir sus vergüenzas; las aventuras de un hombre de mediana estatura que hace el gigante entre los pigmeos y el enano entre los gigantes, siempre de un modo inoportuno y ridículo; la odisea de un idiota que, a través de una serie de bufas desventuradas, sostiene que este mundo es el mejor de los mundos posibles; las peripecias de un profesor demoníaco servido por un demonio profesional; la aburrida historia de una adúltera provinciana que se fastidia y, al fin, se envenena; las salidas locuaces e incomprensibles de un profeta acompañado de un águila y una serpiente; un joven pobre y febril que asesina a una vieja, y luego, imbécil, no sabe siquiera aprovecharse de coartada y acaba cayendo en manos de la policía.»
Giovanni Papini, Gog, capítulo 'Las obras maestras de la literatura'