martes, 5 de marzo de 2013

Farándula Intelectual (pt 2)


  • Hace muchas décadas, cuando Armando Uribe Arce contaba con tiernos dieciséis años, tenía de profesor a Roque Esteban Scarpa (premio nacional de literatura 1980) que le contaba maravillas sobre Balzac. Uribe tenía la intención de leerlo, pero el francés estaba incluido en el Index de la Iglesia Católica, lo que significaba la inmediata amonestación moral de cualquiera que leyese alguno de esos tomos. El joven Uribe se decidió a visitar al cardenal José María Caro puesto que por su intermedio el obispo podría permitir tales lecturas. El cardenal, con los pies colgando de su alta silla se quedó dormido a los pocos minutos mientras Uribe, le explicaba su interés por Balzac. De pronto el cardenal se despierta y espeta un «petición denegada». El futuro poeta sale indignado del despacho y decide burlar el dogma: leyó a Balzac página por medio, así, no se podía afirmar que hubiese leído el libro entero y quedaba libre de pecado.

  • Balzac dijo de sí: «hay vocaciones a las que se debe obedecer, y algo irresistible me arrastra hacia la gloria y el poder», aunque siempre estuvo apurado económicamente, no teniendo qué comer, pero con la voluntad henchida. Dibujaba en su mesa de trabajo banquetes pantagruélicos con los que saciaba visualmente su apetito para poder seguir escribiendo. Buscaba simplemente «una mujer y una fortuna» cosa que encontró en la Madame de Hanska que, lamentablemente residía con su esposo millonario en San Petersburgo, ciudad que visitó en varias ocasiones. Se casan finalmente el 14 de marzo de 1850 en Berdiczew (actual Ucrania), para luego viajar a Paris a pesar de las graves dolencias del recién casado. El 18 de agosto de ese año Víctor Hugo lo visita, luego Balzac muere dejando inconclusa su Comedia humana. Su obra completa supera los 38 tomos.


martes, 26 de febrero de 2013

Farándula Intelectual (pt 1)


  • Durante un congreso de literatura organizado en Chile, Gonzalo Rojas y Juan Rulfo se aburren. El poeta chileno prepara una visita del mexicano a la casa de Neruda en Isla Negra. Rulfo ya había dejado de escribir hace varios lustros. Refiere Vila-Matas: «Cuando le preguntaban por qué ya no escribía, Rulfo solía contestar: Es que se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias». Una vez en casa de la costa, con la flema —con la arrogancia— que le era característica, Neruda lleva al segundo piso a su propia habitación a Rulfo, abre las cortinas y declama intentando emocionar al mexicano con la sublime vista del Pacífico. Cuando se da vuelta para ver la expresión de Rulfo, él ya dormía plácidamente sobre la cama del vate.

  • Enrique Lafourcade trabajaba en Zig-Zag, entonces llega Tito Mundt a pedirle trabajo o simplemente a visitarlo. Las versiones se oponen aquí, Lafourcade dice que él «irrumpió» en su oficina. Saca el periodista un papel y lee lo que resulta una «colorida descripción de una faena taurina». Cuando acaba, Mundt interroga al joven editor sobre la calidad del texto, que Lafourcade considera casi perfecto. Sólo luego de eso, Mundt le entrega el papel, para descubrir impresionado que estaba en blanco. Recuerda Lafourcade que éste le lanzó: «¿No crees tú que yo soy un genio? -me dijo-.  Sí. Confirmé, cortés».


martes, 19 de febrero de 2013

Pájaros Negros: metaleros del fin del mundo


Hace pocas semanas se concentraron en Rancagua una treintena de bandas de metal, en un festival nutrido, diverso y sorprendente. ¿De dónde salen estas hordas de negro? Alguna posible respuesta hay en Pájaros Negros de Patricio Jara (Ediciones B, 2012), que luego de excelentes novelas publica esta breve cartografía del metal chileno. Pero antes que eso, Jara pretende hacerse a sí mismo preguntas, sobre su propia historia con y en el metal, sobre este género como modo de vida, sobre su declarado fanatismo, y también sobre por qué durante los ’80 hubo tanta efervescencia en Chile, con bandas que nacían cada semana, fanzines especializados y todo un público fiel a la vez que sacrificado. Sin ir lejos, fue tal el auge que en 1987 Sábado Gigante invitó a la banda de thrash Necrosis: el animador acabó por humillarlos en pantalla, y la banda debió pedir disculpas a su público luego de ello.
Jara construye un relato que por sobre otra cosa, es un material emotivo. Hay datos, referencias e información por montones, pero están en función de ilustrar un período, el nunca-más del metal chileno, en el cual cada personaje que desfila por estas páginas vivió, y ayudó a expandir. No falta Dorso ni Pentagram, ni los fanzines artesanales en factura, pero profesionales en ambiciones, que consiguieron entrevistar a Tom Araya cuando Slayer no era la megaestrella actual, y el entrevistador Alberto Fuguet era un primerizo.

martes, 5 de febrero de 2013

El Prestamista: Fernando Josseau y sus mil vidas en la ficción


La más exitosa obra teatral chilena no ha sido del ICTUS, no ha sido La Negra Esterni La Pérgola de las Flores, sino El Prestamista, de Fernando Josseau, que llevó a unos cuantos millones de espectadores sólo en Chile, se ha estrenado en cerca de 150 teatros alrededor del mundo y ganó casi todo lo por ganar. Excepto, claro, un lugar en el recuerdo nacional.
En julio de 1956 se estrena en el teatro Caupolicán una obra cuyo nudo central es el asesinato de un usurero, un prestamista que tenía en sus redes a hombres de todas las condiciones sociales. Así, pasan frente al interrogatorio tres personajes: el panadero Peraza, un Marqués, y el financista Porse. Todos tienen motivos para el crimen, aunque la pieza deja entrever que existen muchos más sospechosos, pero a la vez quizás estos sean los con peores chances.
La obra de Josseau es mínima en artificios técnicos y escenográficos: un espacio oscuro, una silla quizás, un haz de luz que apunta al protagonista de turno. Lo importante es el escenario que el actor mismo representa: la exigencia es que sea un único artista aquél que personifique al trío de sospechosos. En las funciones inaugurales, Raúl Montenegro encarnó a la tríada y siempre mantuvo en vilo al público que le vio actuar. Este actor, padre de Maitén Montenegro del Jappening con Ja, ha sido el único latinoamericano que ganó el premio a mejor actor del mundo en el Festival de las Naciones, título concedido en el Paris de 1962.