Sobre la incomprendida calidez de las palabras agudas. * Me parece tan claro que compramos libros que nunca leeremos como escribimos para que nadie nunca nos lea. * Pero todos y cada uno de mis libros han sido —por lo menos— (h)ojeados. * Una reducción brutal aumentaría el espacio disponible en mi habitación. * ¿Pero disponible para qué? Si cada vez que pienso en deshacerme de algo es para meter más libros donde ya no cabe ni uno más. * Tan grave tampoco es. No colecciono perros hediondos hacinados en un patio mínimo. * Recuerdo hace años, cuando me encontré a Simón Abufom comprando uno de los tres volúmenes de la Historia social de la literatura y las artes de Hauser. Y ahora los vende todos. * Nadie ha sufrido accidente alguno con las torres de libros en el pasillo, fuera de mi puerta. * Imaginar la espiral que podría ser la forma ideal de una biblioteca. Sólo de vidrio. Y nada de metal. * ¿Cuánto dinero costará mi biblioteca? Así en bruto, sin sentimentalismos, bien mercantilista. * ¿Cuánto está invertido realmente en esa biblioteca? Ahora una pregunta un poco lesa: ¿qué podría haber hecho en vez de leer y conseguir esos libros? * Cuántas cuestiones prácticas, importantes dejé de hacer, comenzar o completar. * De seguro sería más delgado. * Al menos los graffitis son vistos día a día. De comprender nada he dicho. Pero al menos son vistos. Es como en las paletas publicitarias vacías del metro: “X millones de personas nos ven cada día” * Ayer un tipo ya entrado en años leía a mi lado La vida instrucciones de uso en el metro. No sé por qué le tomé una foto con el celular sin que él se diese cuenta. * Todos los libros se acaban —pero jamás se agotan. Antes de comenzarlos ya están finalizados. Fueron hechos con la última página por delante, anticipando el fin de la lectura y proponiendo ya el salto al siguiente libro. * De abismo en abismo. * Frases que se disparan en todas direcciones. Principalmente hacia dentro. * Este lugar es como un zoológico deshabitado por sus animales originales. Sólo merodean otras bestias allegadas por necesidad y nunca por gusto u obligación. Éste es un desierto blanco.
jueves, 29 de enero de 2009
Todos los libros se acaban pero jamás se agotan
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