jueves, 15 de diciembre de 2005
I would prefer not to forg...
Supongo que el lector conocerá, por lo menos de oídas, el origen del nombre Bartleby. En caso contrario, preferiría no darle yo esa noticia.
Al narrador de este libro parece gustarle sobremanera Robert Walser, del cuál nada he leído. Walser vivió entre los años 1878 y 1956 siendo su nacionalidad suiza. Publicó unos cuántos volúmenes que, al parecer, no desmerecían en nada al papel sobre el cual estaban impresos: Los hermanos Tanner, Der Gehülfe y Jakob von Gunten, entre 1907 y 1909. En este último año volvió a su tierra natal, quizás ése evento desencadenó en él la locura, una tranquila pero llena de alucinaciones. A comienzos de los años ’30 por su propia voluntad decide internarse en un sanatorio pasando «los últimos veintiocho años de su vida encerrado en los manicomios de Waldau, primero, y después en el de Herisau, dedicado a una frenética actividad de letra microscópica, ficticios e indescifrables galimatías en unos minúsculos trozos de papel».
Quien escribe a través de Vila-Matas remata con lo siguiente el bosquejo de Walser: «Alguien ha dicho que Walser es como un corredor de fondo que, a punto de alcanzar la meta codiciada, se detiene sorprendido y mira a maestros y condiscípulos y abandona, es decir, que se queda en lo suyo, que es una estética del desconcierto», retrato exacto de lo que Vila-Matas quiere decir cuando escribe esta ruta de la “literatura del No”. No es solamente el “dejar de escribir” así sencillamente porque de seguro tal enfermedad —comparable al mal de Montano— hunde sus ágrafas raíces en Sócrates y su legado puramente oral —suponiendo que Platón es un otro.
Walser ha de haber llegado al convencimiento de que escribir está de más, de que toda labor de inscripción es vana de antemano, es sólo la exposición ególatra de una peculiaridad, que, si el escritor fuese cuerdo, guardaría para sí, y se cuidaría mucho de mantener en el más absoluto secreto sobretodo para la posteridad: Kafka lo sabía pero Max Brod lo ignoraba en la misma medida en que él no era Kafka (me decía que le habría gustado citarse en un café europeo con Kafka, a conversar, yo le respondí que lamentablemente aunque hubiese sido ella, Kafka no habría llegado, “¿y por qué no habría llegado?” preguntóme un poco ofendida, “pues simple —le dije—, porque era Kafka”. Ella entiende, fin de la discusión).
Ayer he visto a algunos amigos jugar fútbol, entremedio había una apuesta de cervezas. Miro a Hernández y pienso gritarle que haga un autogol, creo que efectivamente se lo grité. Eso me trajo a la memoria un fragmento memorable del No que Vila-Matas podría haber puesto en su libro, uno sacado de una entrevista a Bolaño: «Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras, ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro» (*). Independencia, saber que se puede hacer todo lo contrario a lo que se desea, libertad, «quien es más libre es quien puede decir no» leo en ése libro antes de dormirme pensando en otros artistas del No lamentablemente dejados fuera: Cesárea Tinajero, Benno von Archimboldi, Jorge Loncón.
Ah Bartleby! Ah humanity!
* * *
Las Últimas Noticias, martes 4 de septiembre de 2001.
lunes, 12 de diciembre de 2005
Mañas de la realidad II
Entre el 17 y 19 de febrero de 2004 escribí un cuento. En éste la protagonista ha huido de su país natal producto de la guerra civil y acaba trabajando como mucama en un lujoso hotel de Nueva York. A ella le agrada tirarse sobre las camas antes de armarlas y meter su cabeza en las mullidas almohadas, según dice, para "recordar mi pasado acomodado"… casos más extraños se han visto. La cosa es que para su sorpresa, pero más para su vergüenza, descubre que en esa almohada hay cinco agujas plateadas que se le incrustan en la cabeza. Atónita busca respuesta al enigma: sigue por buena parte del mundo al pasajero que ha dejado esas agujas, siempre encuentra más.
Hace pocas semanas la almohada que me ha acompañado desde hace varios lustros murió, no soportó más la presión de mi cabeza y reventó. Comencé entonces a usar un gran cojín en su reemplazo.
Pasaron otros días y durante una tarde volví a sentir el aguijón. Ahora sí saco ese palo, díjeme, y fui donde mi madre para que lo hiciese (también en esas cosas soy inútil). Cuando sacamos la funda del cojín… ¡oh, por el can!, ¡era un alfiler plateado lo que me laceraba la carne! Sólo después de un rato caí en cuenta de que eso ya había ocurrido en otra capa de la… ¿realidad?
Pensé en el epígrafe de ese cuento y consentí en que no podría haber elegido otro mejor: Just because you're paranoid, don't mean they're not after you (Cobain, Territorial Pissings).viernes, 2 de diciembre de 2005
Las putas asesinas de Rabelais
Trataba básicamente de una casa de remoliendas de citas de luz roja de juerga donde se trata a las niñas de tú una mancebía prostíbulo burdel serrallo lenocinio, una casa de bellas putas que lo permitían todo, como debería ser en el sexo, creo: podías escupirles dentro de cualquiera de sus orificios, deformarles los pezones con los dientes, tatuarles bellos paisajes con las uñas en sus espaldas, hacerles reventar el clítoris a fuerza de latigazos, separar verticalmente su cuerpo en dos, morderles las orejas hasta que la sangre entrase al cerebro, llenarles la boca de semen para que les saliera por las narices, meterle la mano hasta poder tocar sus úteros, hablar a través de sus labios inferiores, romperles el ano con mi verga enhiesta, tragarme esa sangre mezclada con diversas especias, hacerlas vomitar por la presión de mi glande, besarlas hasta la asfixia o hasta que la lengua se desintegre, que sus orgasmos les provoquen soponcios a veces mortales, montarlas como si yeguas fueran, atarlas para golpearlas con tallos de rosas, hacerles creer que soy el Papa, penetrarlas mientras les hablo como lo hacían sus padres, abrirles el ombligo y allí meterlo, hacer de su vello púbico mi propia barba, quedarme a vivir para siempre entre sus pechos, que me laman los testículos mientras las penetro por los ojos, invitar a su vieja madre a ver el espectáculo y unirse (si lo desea), que chupen con fruición mi falo luego de sacarlo de sus culos, besarles el cuello hasta que la cabeza se desprenda del cuerpo, dejarles marcas que parezcan hechas a fuego, morderles los muslos como si fuesen jamones, tirarles el pelo hasta que se parezcan a lo que tienen metido, hacer que se embaracen doce veces en la misma noche, tocarles el punto G con los dedos de mi pie, que sus manitas se mimeticen con mi pene, que lo único que beban por semanas sea el sudor que les cae de mi cabeza, penetrarlas con brutalidad para que sus dos agujeros se hagan uno, sacarles los dientes para que me la chupen mejor, bañarme con sus fluidos vaginales, depilarlas con mis dientes, lamerlas hasta que no quedase más que hueso, follar hasta el Día del Juicio y luego seguir, sincronizar no sólo nuestros orgasmos sino nuestros latidos, despertarlas con mi falo entre sus nalgas, que sea cuestión de vida o muerte tener mi verga dentro de ellas.
Eso y otras muchas cosas más era lo que con ellas se podía hacer. Todo era permitido excepto algo, a saber: enamorarse de ellas. ¿Extraño?, pues no, porque la lugarteniente de la casa sabía que todas ellas eran unas putas asesinas, monos hirviendo como el hielo seco, que veían a sus clientes desde las copas de altos árboles muertos, que nos buscaban llorando desesperadas porque les dijéramos las frasecitas de los cuentos infantiles, putas asesinas que al menor descuido te enterraban sus uñas en la garganta y luego huían. Putas asesinas eran y todos los clientes lo sabíamos, pero igualmente sólo a ellas acudíamos: hasta en sueños me fío de las Asesinas y Putas.
Eso es lo que soñé, pero eso ya carece de importancia, la cuestión que me acosa ahora es que si me puedo soñar dentro de un libro de Rabelais, ¿por qué no llevarlo al papel? Definitivamente no tengo ya nada que hacer.
23 de noviembre de 2005
The love he receives is the love that is saved. (En el '98 éste tema no me gustaba, ¿ahora sí?, seguro.)
We all got scars, they should have 'em too.
Why would you wanna hurt me? (¿Qué necesidad hay en herirme?... eso ya da lo mismo, pero ustedes ¿qué necesidad tenían de hacerme emocionar así?)
«Poco a poco se distinguen unas figuras movedizas» (Yo los veía antes de todo, créanme, los vi durante más de una década junto a mí, en mi habitación, por la calle.) (*)
Fuck me if you only hear what you wanna hear. (It isn't just a riot act, todo estaba dispuesto, seguro que sí.)
I am ahead, I am advanced, I am the first mammal to make plans.
«Es una explosión de alegría que nos devuelve la confianza» (*)
Someday yet, he'll begin his life again. (Yo los vi, yo estuve cuando la tocaron, ustedes aparecieron igual que los pensamientos: como mariposas.)
Please forgive our hometown in our insignificance.
«ese sonido de selva tupida de los discos se abre y aparecen senderos por los que uno puede internarse» (*)
I'm so high I hold just one breath. (Una versión nunca oída por mí, quizás imaginada, quizás vista desde arriba, con esa perspectiva que tienen todos los sueños de adolescente.)
Some die just to live. (Esperaba ansioso este tema, some die just to live, ésa frase que ponía junto a otra de Los miserables: nada importa morir, pero no vivir es horrible. ¿Leyeron esa novela chicos, verdad?)
Want to be enlightened like I want to be told the end.
The dead lay in pools of maroon below. (Y de seguro ustedes me vieron, en esa parte cuando Eddie gritó "arms raised in a V" yo también los alcé y toqué el cielo.)
M-Y-T-H is belief in the game. (Sí Eddie, al final te apunté y te grité: I will be too, faithful to you.)
Can't deny there's something wrong. (Lo siento chicos, ¿qué de malo podría haber ocurrido con ustedes tocando a menos de veinte metros de mí?)
«Sí, son ellos, son ellos de verdad» (Si alguien lo dudó, que arda en el infinito infierno.) (*)
World with your heart and not with your brain?
I would rather starve than eat your breast. (Es extraño, pero me gustan los temas número 8 de la mayoría de sus discos. Y ustedes no saben lo cierto que para mí es la frase del inicio del tema 8 del disco del '94: The waiting drove me mad, pero ya no.)
Talkin' to herself, there's no one else who needs to know.
I know when I would not ever touch you. (¡Otro tema 8! Y ésa forma de iniciarlo, ésos rasgueos desganados que no son del disco, que pocos saben qué tema es, pero yo sí. El corazón en la boca.)
«la sensación de descuido y espontaneidad es fruto de una determinada manera de emplear el virtuosismo» (*)
I guess it was the beatings, made me wise. (Hijos de puta que me lanzan otro número 8, el 8 del disco del '93. Y me alejo de una buena vez de tu porquería, porque no estoy para dar gracias o pedir disculpas. Quizás sea el tiempo de emanciparse.)
I know someday you'll have a beautiful life. (Supongo que todos se acordaron de alguna vieja chica besada con este tema, yo no, yo me acordé de alguien al cual le traduje este tema, el mismo que se acordó de mí en esos momentos.)
But, I'm still alive. (Aún espero poder levantarme y gritarlo: Conchasdesuputamadre, ¡a pesar de todo todavía estoy vivo!)
Now I believe in miracles. (Y Eddie, tomaste ese cartel y me lo mostraste: si dios existe, esa noche se acordó de mí.)
«Sólo eché de menos Wishlist. Sólo eché de menos un tercer concierto» (Ahí estaba la bola de discoteque que pendía sobre Matt, la bola que baja cuando tocan esa lista de deseos ¿o no?) (*)
Make me cry. (Sólo faltó el tema 8 de 1996: If I had known then what I know now quizás no estaría insistiendo todavía.)
Matt, Jeff, Mike, Stone, Eddie, turn me up.
Matt, Jeff, Mike, Stone, Eddie, watch me crash.
Matt, Jeff, Mike, Stone, Eddie, I'm dyin' fast.
* * *
(*). Arturo Fontaine, "Pearl Jam aquí", en El Mercurio, Artes y letras, domingo 27 de noviembre de 2005, página E8.