Escribir justamente de lo que no se puede.
(Que ardan los franceses posmo)
Borrarse uno mismo en el acto de escribir.
(No hay autor, eso ya lo sabía Homero, pobre Barthes)
Escribir para alargar la mano hasta el Big Bang, porque somos tan pero tan grandes que nos desbordamos constantemente. Nos sobrepasamos y nos eclipsamos a nosotros mismos. Poco hay que hacer luego de eso. Nos inflamos y renunciamos de una vez y para siempre a toda posibilidad de solipsismo, pero tampoco es que escribiendo nos hagamos comunitarios.
(Nancy go home)
Poco o nada queda por hacer cuando se desea escribir. Insistir es una forma de aferrarse a algo: y no todo son meras ideas. Insistir es joder a las musas, forzarlas a abrirse de piernas, es también darles hartas piscolas para que podamos conocerlas —en sentido bíblico claro está.
Si alguien escribe es porque está desesperado. Balzac estaba desesperado. Kafka también. Escribir es asumir su imposibilidad: escribir es saber de antemano que hay todo un universo que quedará no dicho. Es peor que pintar, es peor que enfrentarse con un cepillo de dientes a todos los colores del cosmos; queda para ellos por lo menos el consuelo de que los ojos son la primera barrera con lo de fuera.
Escribir es asumir la pérdida. Es saberse expulsado del paraíso. Es seguirle los pasos a Milton (y quizás también a Aliguieri).
Escribir es un acto vanidoso. Es ser la mujer barbuda e integrarse voluntariamente a un circo de fenómenos. Escribir es asumir la culpa y la vergüenza como modos de vida, para siempre. Sería mejor esconderse, cerrar las puertas por fuera: desterrarse.
Sería también dinamitar todas las ciudades viendo como caen los edificios desde el último piso de la torre más alta de la mano de la amada. Destruirlo todo y no tener intenciones de reconstruir: un grado cero, la llanura de Descartes.
Es mantenerse en la angustia por emprender una labor imposible pero necesaria, ¿de vida o muerte?, pues sí. Kierkegaard y Nietzsche lo intuyeron.
Es subordinar todo el universo a un punto arbitrariamente elegido —como diría un amigo. Es hacerse invisible, esconderse para siempre, decir no y sí al mismo tiempo.
Que todo lo dicho no se malentienda, no sufro de verborragia, sino de perisología (*), o algo peor, algo desconocido, cubierto de porquerías.
* * *
(*) Del gr. perissos, superfluo, y logos, discurso.
lunes, 26 de diciembre de 2005
lunes, 19 de diciembre de 2005
Dolor de muela VS Perec
Apenas puedo dormir durante esta noche. Acabo de leer Bartleby y compañía y quisiera comenzar con La vida instrucciones de uso de Georges Perec. Llegué hasta él por —probablemente— un comentario mal oído: hablé alguna vez con Felipe Sáez sobre Juan Emar y un texto donde describía las habitaciones de un edificio de apartamentos donde vivían sus amigos. Hace poco, Sáez afirmó en tono triunfante, que tal narración no era de Emar sino de Perec. Un par de días después conseguí tal volumen.
Apenas puedo dormir porque tengo un dolor de muelas de la puta madre. Todos mis dientes están a punto de caerse, literalmente —no quisiera acabar como el vampiro que es Armando Uribe. Hace varios meses comencé un tratamiento dental, que no he seguido más que con una intermitencia que me asombra, incluso a mí, un fragmento per se. Hace pocas semanas repentinamente salióse un trozo de muela, debí haber ido al día siguiente al dentista. Ahora me duele otra muela. Seguramente tendrán que hacerme otro tratamiento de conducto, o, como se dice técnicamente, una endodoncia.
No sé por qué mientras sufría me acordé de Hegel, y pensé: «La externalización de cualquier elemento interno representa únicamente una tortura para el sujeto», la tragedia del sujeto hegeliano, su destino espinoso. Entonces, traduzco: dientes y uñas son sólo motivo de dolor. Por lo mismo, todo lo que sea alteridad no es más que motivo de sufrimiento… uf, gimme a brake.
Qué pena, qué pena no poder comenzar con Perec por culpa de mis muelas. Qué dolor. ¡Ay!
El dolor retrocede el dolor se esconde yo también me escondo, «y ya mi voz va volviéndose lejana mientras se prepara para decir que se va, va a probar otros lugares. Sólo yo he existido, dice la voz, si al hablar de mí se puede hablar de vida. Y dice que se eclipsa, que se va, que acabar aquí sería perfecto, pero se pregunta si sería deseable. Y a sí misma se responde que sí es deseable, que acabar aquí sería maravilloso, sería perfecto, quienquiera que ella sea, donde sea que ella esté» (*).
* * *
(*) Vila-Matas, Bartleby y compañía, fragmento 85.
Apenas puedo dormir porque tengo un dolor de muelas de la puta madre. Todos mis dientes están a punto de caerse, literalmente —no quisiera acabar como el vampiro que es Armando Uribe. Hace varios meses comencé un tratamiento dental, que no he seguido más que con una intermitencia que me asombra, incluso a mí, un fragmento per se. Hace pocas semanas repentinamente salióse un trozo de muela, debí haber ido al día siguiente al dentista. Ahora me duele otra muela. Seguramente tendrán que hacerme otro tratamiento de conducto, o, como se dice técnicamente, una endodoncia.
No sé por qué mientras sufría me acordé de Hegel, y pensé: «La externalización de cualquier elemento interno representa únicamente una tortura para el sujeto», la tragedia del sujeto hegeliano, su destino espinoso. Entonces, traduzco: dientes y uñas son sólo motivo de dolor. Por lo mismo, todo lo que sea alteridad no es más que motivo de sufrimiento… uf, gimme a brake.
Qué pena, qué pena no poder comenzar con Perec por culpa de mis muelas. Qué dolor. ¡Ay!
El dolor retrocede el dolor se esconde yo también me escondo, «y ya mi voz va volviéndose lejana mientras se prepara para decir que se va, va a probar otros lugares. Sólo yo he existido, dice la voz, si al hablar de mí se puede hablar de vida. Y dice que se eclipsa, que se va, que acabar aquí sería perfecto, pero se pregunta si sería deseable. Y a sí misma se responde que sí es deseable, que acabar aquí sería maravilloso, sería perfecto, quienquiera que ella sea, donde sea que ella esté» (*).
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(*) Vila-Matas, Bartleby y compañía, fragmento 85.
domingo, 18 de diciembre de 2005
sábado, 17 de diciembre de 2005
Charlie Brown la madrugada y cigarrillos
Jueves pasadas las 4 de la mañana. Nuevamente he ido a comprar cigarrillos a esa estación de servicio abierta-las-24-horas. Nuevamente he visto un grupo de tipos en la plaza, ocultos por la sombras propias de esa hora además de un árbol que impedía les llegase la luz eléctrica.
No voy a eso en todo caso, sino a esto otro:
Primer cuadro: Charlie Brown caminando solo en una tarde invernal, dice “Sí que resulta extraño”.
Segundo cuadro: Afirma luego “Puedes pasarte horas sin pensar en nada concreto”.
Tercer cuadro: Una cabriola espectacular eleva a Charlie del suelo, de él sólo se ven las ancas y los pies apuntando hacia el cielo. No hay palabras.
Cuarto cuadro: Charlie se explica, “Y de repente te asalta el recuerdo de un viejo amor…”.
Primer cuadro: Linus y Charlie en la misma escena invernal caminando. Linus, “¿Estás seguro?”, Charlie responde “Completamente… voy a demostrártelo”.
Segundo cuadro: Charlie intempestivamente dice “¡Leonor!”.
Tercer cuadro: Charlie se gira para ver la voltereta en el aire de Linus.
Cuarto cuadro: Dice Charlie “¡Ah, la evocación de un viejo amor!” mientras la mueca en el rostro de Linus lo dice todo.
Primer cuadro: Charlie y Snoopy caminando en la misma escena invernal, el can va delante.
Segundo cuadro: Charlie, igualmente sorpresivo le espeta “¡Fifí!”.
Tercer cuadro: Charlie se detiene para ver el salto terrible de Snoopy.
Cuarto cuadro: Siguen caminando y Snoopy triste piensa “¡Hacía años que no pensaba en Fifí!”.
Primer cuadro: Linus le dice a Charlie “Creo que tienes miedo a ser feliz Charlie”.
Segundo cuadro: Continua Linus “¿No crees que la felicidad te haría bien?”.
Tercer cuadro: Charlie responde “No lo sé…”.
Cuarto cuadro: Charlie remata “¿Qué efectos secundarios tiene?”.
De pasada he comprobado (gracias a una cita sacada de Vila-Matas) que si se desea fumar y escribir a la vez, o se mantendrán los ojos en constante rojo o hay que resignarse a que el cenicero se lleve la mayor parte del cilindro nicotinoso…
Si vuelvo a lo de los cigarrillos es porque la pregunta aún es válida: ¿Estoy a resguardo aquí? ¿Estoy totalmente seguro donde ahora estoy?
* * *
Todas las escenas de Charles Monroe Schulz, Carlitos genio y figura, Grijalbo, México DF, 1992.
No voy a eso en todo caso, sino a esto otro:
Primer cuadro: Charlie Brown caminando solo en una tarde invernal, dice “Sí que resulta extraño”.
Segundo cuadro: Afirma luego “Puedes pasarte horas sin pensar en nada concreto”.
Tercer cuadro: Una cabriola espectacular eleva a Charlie del suelo, de él sólo se ven las ancas y los pies apuntando hacia el cielo. No hay palabras.
Cuarto cuadro: Charlie se explica, “Y de repente te asalta el recuerdo de un viejo amor…”.
Primer cuadro: Linus y Charlie en la misma escena invernal caminando. Linus, “¿Estás seguro?”, Charlie responde “Completamente… voy a demostrártelo”.
Segundo cuadro: Charlie intempestivamente dice “¡Leonor!”.
Tercer cuadro: Charlie se gira para ver la voltereta en el aire de Linus.
Cuarto cuadro: Dice Charlie “¡Ah, la evocación de un viejo amor!” mientras la mueca en el rostro de Linus lo dice todo.
Primer cuadro: Charlie y Snoopy caminando en la misma escena invernal, el can va delante.
Segundo cuadro: Charlie, igualmente sorpresivo le espeta “¡Fifí!”.
Tercer cuadro: Charlie se detiene para ver el salto terrible de Snoopy.
Cuarto cuadro: Siguen caminando y Snoopy triste piensa “¡Hacía años que no pensaba en Fifí!”.
Primer cuadro: Linus le dice a Charlie “Creo que tienes miedo a ser feliz Charlie”.
Segundo cuadro: Continua Linus “¿No crees que la felicidad te haría bien?”.
Tercer cuadro: Charlie responde “No lo sé…”.
Cuarto cuadro: Charlie remata “¿Qué efectos secundarios tiene?”.
De pasada he comprobado (gracias a una cita sacada de Vila-Matas) que si se desea fumar y escribir a la vez, o se mantendrán los ojos en constante rojo o hay que resignarse a que el cenicero se lleve la mayor parte del cilindro nicotinoso…
Si vuelvo a lo de los cigarrillos es porque la pregunta aún es válida: ¿Estoy a resguardo aquí? ¿Estoy totalmente seguro donde ahora estoy?
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Todas las escenas de Charles Monroe Schulz, Carlitos genio y figura, Grijalbo, México DF, 1992.
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