domingo, 8 de febrero de 2009

La rosa púrpura de Santiago

Sí Denisse, para ti, cómo no:

Todas los amores deberían contener los mismos clichés que una película de acción. Pero maquillados, claro. Persecuciones en autos, edificios volando, agentes encubiertos y espías asesinos, muertes inesperadas, un affaire no recomendable para la misión, etcétera.

Todo eso es lo que estamos haciendo en esta enorme cantidad de días juntos. Y aunque no nos gusten esas películas, a veces estamos dándole cuerda al argumento de una. Nos enojamos y estallamos como aviones en el cielo. O nos encontramos de pronto, y la cámara toma nuestro abrazo desde el primer plano subiendo hasta hacernos desaparecer. Y las reconciliaciones… bueno, eso queda para otro tipo de películas.

A veces no hay héroes en nuestra película, porque los dos somos los villanos que nos buscamos por todo el mundo, intentándonos asesinar el uno al otro. Tan llenos de amor estamos. Tan llenos que nos da lo mismo actuar de mafiosos que protegen su territorio, y pretender que nos asesinamos mientras un travelling horizontal muestra nuestras metralletas gastando sus municiones. Tan seguros estamos de que sólo la vejez nos separará, que la muerte será apenas un mínimo olvido, tan seguros estamos de la certeza del futuro, que podemos pretender que nuestro amor es una mala comedia de situaciones, en la que a veces el ojo del director se acerca, y entonces se convierte en un pequeño drama de época, donde uno de los dos se convierte en el traidor por un corto tiempo, sólo para que el otro lo desenmascare y exponga su bajeza para luego vindicarlo en su perdón inmediato y sincero.

Aunque no niego que a veces me siento en una de ciencia ficción mezclada con un denso thriller psicológico. Los planos lo hacen todo: como cuando notábamos las sutiles diferencias de luz, los notables contrastes que permite el blanco y negro, la enorme expresividad que alcanzamos cuando tú eres la alienígena que me viene a buscar. Un encuentro del tercer tipo alargado por más de dos años de romance.

Podemos ser personajes distintos cada día. Escenificar un desierto o el centro de la ciudad en nuestra cama, lo que queramos. Suponer a oscuros conspiradores que nos quieren separar, y luchar juntos contra ellos. Eliminar una terrible amenaza que se cierne sobre la raza humana, y acabar la escena besándonos mientras la toma gira alrededor de nuestros cuerpos, con la cámara sobre un helicóptero silencioso.

No pocas veces he pensado (y sé que tú también lo has hecho, en silencio) que hay otro guionista que escribe nuestras líneas y movimientos. Porque no puede ser posible que nos amemos de esta manera. Que el sueño se haga imposible cuando por una noche nos separamos; o que sintamos hormigas en las manos cuando nos extrañamos, cuando nos queremos tocar suavemente, como cuando me acaricias apenas has despertado. Con esa sonrisa enorme, que no admite interpretación alguna, que para hasta el crítico más mediocre supondría nominarte a todos los premios posibles.

Hay momentos de terror adolescente (donde todos sabemos cuándo atacará el enmascarado), también otros surrealistas y secretos, clímax argumentales que quiebran la historia en dos. Éste es un idilio superior, un paraíso a la medida de esta tierra, lo más cercano a la perfección cariñosa, a los abrazos totales, a sentirnos en casa sólo al lado del otro.

Si fuésemos parte de una de esas malas películas de acción, ésta carta la leerías justo cuando mi misión para salvar al mundo del meteorito ha fracasado, y yo me he convertido en millones de partículas invisibles que cubren el cielo sobre ti, para protegerte hasta que cierren el cine.

1 comentarios:

unapieza dijo...

mira la caga yo habia echo un posteo grande y la guea no salio se borro y habia dicho mira que bonito y tambien habia dicho, en resumen, que en las partes tristes y solas uno tambien recurre a la cinematografiedad y algo mas dije pero pico.